lunes, 24 de noviembre de 2014

INTELECTUALES Y HEREJES (TOMÁS DE AQUINO)

El término “herejía” connota, desde el punto de vista etimológico, tanto el acto de elegir como la cosa elegida. Sin embargo, su significado se ha reducido a la elección de doctrinas religiosas o políticas, a la adhesión a iglesias o partidos políticos.

Santo Tomás define la herejía del modo siguiente: “Una especie de infidelidad de aquellos que, habiendo profesado la fe en Cristo, corrompen sus dogmas”. “La correcta fe cristiana consiste en asentir voluntariamente con Cristo en todo aquello que pertenece verdaderamente a su enseñanza. Hay, consecuentemente, dos formas de desviarse del cristianismo: una, cuando uno se rehúsa a creer en Cristo, y es lo que se llama infidelidad, que comparten los paganos y los judíos; la otra, cuando uno restringe su creencia solamente a ciertos puntos de la doctrina de Cristo, seleccionados y modificados según la propia conveniencia, y es lo que se llama herejía. El objeto de la fe y de la herejía es, por tanto, el depósito de la fe, o sea, la suma total de las verdades reveladas por la Escritura y la Tradición según nos la propone la Iglesia para que la creamos. El creyente acepta la totalidad del depósito según lo propone la Iglesia; el hereje acepta sólo aquellas partes que su juicio le recomienda. Las razones de la herejía pueden ser: ignorancia del verdadero credo, juicio erróneo, percepción y comprensión imperfectas de los dogmas. En ninguno de esos casos juega la voluntad un papel importante, y ello hace que tal herejía sea solamente material u objetiva, al no darse una de las condiciones de la pecaminosidad: la elección libre. Por otro lado, la voluntad puede libremente inclinar el intelecto a adherirse a algunas de las posiciones que han sido declaradas falsas por la autoridad de la Iglesia. Los motivos para ello pueden ser: orgullo intelectual o confianza excesiva en las propias capacidades; la ilusión de celo religioso; la tentación de poder político o religioso; las ataduras de los bienes materiales y el nivel social; quizás otros menos honorables aún. Este tipo de herejía aceptada sí es sujeto de culpa, en grado variable. Se le llama formal porque al error material añade el elemento informativo de lo “libremente querido”.


Para que la herejía sea formal, debe tener pertinacia, o sea, la adhesión obstinada a una posición particular. Mientras alguien tenga el deseo de someterse libremente a la decisión de la Iglesia, dicha persona será un cristiano católico en el fondo de su corazón y sus creencias falsas no pasarán de ser errores pasajeros y opiniones momentáneas. Teniendo en cuenta que el intelecto humano únicamente puede asentir ante la verdad, sea ésta real o aparente, la pertinacia deliberada, distinta de la oposición caprichosa, supone una firme convicción subjetiva que puede bastar para informar la conciencia y crear la “buena fe”. Convicciones tan firmes pueden ser el resultado de circunstancias sobre las que la persona no tiene control, o de violaciones intelectuales que, en sí mismas, pueden ser más o menos voluntarias y, por lo tanto, imputables. Una persona que nace y es formada en un ambiente herético puede llegar a morir sin jamás tener duda de la verdad de sus creencias. Por otro lado, una persona que nace católica puede dejarse arrastrar por remolinos de pensamiento contrario a la Iglesia, de los cuales ninguna autoridad doctrinal puede salvarla, y debido a los cuales su mente llega a ser influenciada por convicciones y consideraciones suficientemente fuertes como para superar su conciencia católica. No corresponde al hombre, sino a Aquel que conoce el fondo de los corazones, el sentarse a juzgar acerca de la culpa que corresponde a un alma herética.

1 comentario:

  1. Trata de escribir con un estilo personal. Investiga, lee, contrasta información y cuando estés preparado haz tu aportación. Un artículo es algo más que un simple resumen o "corta-pega". Cuida la estética, incluye alguna imagen

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